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El caso Watergate

Olga Eleno

EFE

Woodward y Berstein, periodistas del Washington Post que tuvieron a su cargo las investigaciones del "Watergate"

A las 11'35 horas del 9 de agosto de 1974, Richard Nixon abandonaba la Casa Blanca, casi subrepticiamente con rumbo a "Casa Pacífico", su finca de San Clemente, en California, donde prácticamente permanecería hasta el final de sus días (el 23 de abril de 1994). Veinticinco años han pasado ya, desde el que fuera el escándalo político más importante de los Estados Unidos. Después han venido otros gates (Irangate, Whitewatergate...) tan importantes o más, pero el Watergate ha sido el único que se ha saldado con la carrera política de los implicados.

Richard M. Nixon ha sido el único presidente en la historia de los Estados Unidos que se ha visto obligado a dimitir del cargo sin completar su mandato.

Todo comenzó dos años antes, la noche del 17 de junio de 1972, con la detención de cinco hombres en las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata, en Washington D.C., situado en un lujoso edificio de apartamentos y oficinas llamado Watergate.

Lo que a primera vista parecía la detención de unos simples ladrones pillados "in fraganti", se convirtió en el comienzo de la peor de las pesadillas de Nixon. A los pocos días, los cinco hombres eran acusados de haber entrado en la oficina (desde la que se organizaba la campaña electoral a la presidencia del Partido Demócrata) para robar documentos, pinchar teléfonos e instalar escuchas telefónicas. Con la detención de los "cinco fontaneros" -que así fue como se los llamó- saltaron a la palestra dos nombres significativos, el de uno de ellos, James W. Mc Cord, exagente de la CIA y funcionario de seguridad del Comité para la reelección del presidente (o sea Nixon) y el de Howard Hunt, también exagente de la CIA y consejero de seguridad de la Casa Blanca.

LA IMPLICACION DE LA CASA BLANCA

La participación de estos hombres, con cargos cercanos a la presidencia, vinculaba directamente el escándalo de las escuchas con la Casa Blanca. En un principio Nixon intentó mantenerse al margen declarando que tras la investigación realizada no podía "afirmar categóricamente que nadie que estuviera entonces en la Casa Blanca o en el gobierno no estuviera implicado". Unos meses más tarde, Nixon invocó la doctrina del "privilegio del Ejecutivo" para justificar las negativas de sus colaboradores a prestar declaración ante el Comité del Senado o el Jurado Acusador.

A partir de ese momento el proceso se complicó aún más, las investigaciones se multiplicaron, por un lado la investigación judicial que seguía varias líneas de actuación, por otro la que se estaba produciendo simultáneamente en los medios de comunicación y paralela a estas dos, el juicio popular, las deducciones a las que llegaba la población cada vez que se le proporcionaba un nuevo dato.

GARGANTA PROFUNDA

Woodward y Berstein, dos de los periodistas del "Washington Post", jugaron un papel decisivo en el esclarecimiento del proceso. Estos contaban con información privilegiada que les era suministrada por una fuente anónima, a la que se bautizó con el nombre de Garganta Profunda.

Después de un cuarto de siglo, la identidad de esta misteriosa fuente clave sigue sin esclarecerse. Son varias las versiones que se barajan sobre este asunto, algunos opinan que Garganta Profunda nunca existió, que sólo fue un montaje de los dos citados periodistas para añadir más emoción al tema. Otros especulan con la posibilidad de que no fuera una sola la fuente que suministraba información, sino varias. Pero el dedo acusador se dirigió desde el principio hacia cuatro personas: Alexander Haig, jefe del gabinete de Nixon; Patrick Gray, alto cargo del FBI en funciones; John Dean, consejero de la Casa Blanca que testificó contra Nixon en las sesiones del legislativo sobre el Watergate y la periodista Dianne Sawyer, perteneciente en aquel entonces al equipo de prensa de la Casa Blanca.

LAS GRABACIONES DE NIXON

En abril de 1973 comenzaron las dimisiones en cadena de los colaboradores más directos del presidente, que posteriormente serían procesados en relación al escándalo. Dean fue el primero en revelar la implicación personal de Nixon en el caso Watergate. Posteriormente otro testigo Alexander P. Butterfield mencionó, por primera vez durante el proceso, la existencia de unas cintas magnetofónicas en las que Nixon acostumbraba a grabar todas sus conversaciones.

Tras un tira y afloja entre el Comité y Nixon, este último tiene que ceder a la entrega de las grabaciones, a la que se había negado desde el primer momento. La desaparición de algunas de las cintas y los significativos silencios en las entregadas, que Nixon justificó como "borrones involuntarios de la secretaria" enturbiaron más, si cabe, el asunto. Lo que está claro es que Nixon no tenía a la suerte de su parte, ya que en esas mismas fechas se comprobó su fraude al Fisco durante tres años consecutivos. Pagó al día siguiente y culpó a sus contables, pero la imagen del presidente ya se encontraba demasiado deteriorada.

EL IMPEACHMENT

En aquel momento empiezan a alzarse voces en el Congreso que claman por someter a Nixon al proceso de incapacitación para ejercer la presidencia de la nación, el "impeachment". Y efectivamente se inicia la investigación previa para determinar si existía o no base para someter al presidente a este proceso. 

El 4 de agosto Nixon admitía lo que él y sus colaboradores habían negado rotundamente desde el principio del proceso, que él mismo había participado en los esfuerzos por encubrir los hechos. 

Con este panorama y sin poder contar con ningún apoyo, ni siquiera dentro de su partido, el presidente anuncia su dimisión en la tarde del 8 de agosto, con efecto al día siguiente, cuando el vicepresidente, Gerald R. Ford, juraría el cargo y tomaría las riendas del país, de esta forma evitaba que se le incapacitara como presidente. Finalmente obtiene el perdón total, que le concedió el 8 de septiembre de 1974 el presidente Ford, alejando así la amenaza de castigo judicial que pesaba sobre él.

El escándalo político del Watergate, el abuso de poder de Nixon y sus colaboradores y la repercusión internacional del caso, tuvieron sin embargo, un efecto beneficioso para la vida política norteamericana.

Además de haber servido para acuñar un nuevo concepto de escándalo en el vocabulario político internacional, el Watergate sirvió para que hoy en día se les pida cuentas detalladas a los dirigentes y altos funcionarios del país en que ocurrieron los hechos.





 

PIURA - 22.Sep 2003 -

Marco Rumiche Purizaca